Viva el obispo ¡Carajo!


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Género:Novela

Subgénero:Real Maravilloso

Páginas:520

ISBN: 978-1-60461-913-3

Edición:Noviembre, 2007

La novela “Viva el Obispo ¡Carajo!” es una historia divertida que retrata, de cuerpo entero, el exceso del fervor religioso en América Latina y la manipulación que de ella hacen los políticos locales.

La trama transcurre a fines de la década de 1920, en la Villa del Príncipe, un pueblo imaginario de Latinoamérica, donde los conservadores, amparados por la iglesia, ya completan 40 años ejerciendo el poder.

Sinopsis:

En la Villa del Príncipe, sucede algo inaudito: llegó la esquiva paz.

Sus habitantes, acostumbrados durante casi un siglo a batallas revolucionarias, a golpes de cuartel, y a lances destinados a lavar el honor mancillado, empiezan a disfrutar de una época de paz. Pero la paz trae consigo una nueva razón de desconcierto: la gente ya no muere de “manera heroica”, ahora los villapríncipes fallecen de “muerte natural”, y como si fuera poco, en su propia cama.

La Novela narra la epopeya vivida por los “villapríncipes” en sus intentos por comprender cómo es que funciona el mecanismo de la vida y cómo se puede neutralizar la “muerte natural”.

Pero en una comedia de equivocaciones, no logran ni lo uno, ni lo otro.

Entonces se dedican a buscar culpables.

Las damas de arriba” acusan a “las mujeres del barrio de abajo” como responsables de esa “extraña racha de muertes naturales”. Se trata –según las beatas- del castigo divino por la relajación de las costumbres que patrocinan las alegres bailarinas que tienen sumida a la Villa del Príncipe en un pueblo sin Dios y sin moral.

Envenenadas de arrogancia, las beatas declaran una guerra santa.

Arriba, se emboscan las fundamentalistas camanduleras, cubiertas con sus velos negros. Ellas se auto proclaman cruzadas de la Santa Fe, encarnación de todas las virtudes, emblemas de la templanza, ejemplo de las buenas costumbres, y se arrogan el derecho divino de ser depositarias e intérpretes de la verdad revelada.

Al mismo tiempo, allá, en el “Barrio de Abajo”, las alegres muchachas de los “dancings”, inventoras del movimiento perpetuo de hombros y caderas, fanáticas del taconeo y de las palmas, emperatrices del jolgorio se ven envueltas en un conflicto que en un principio no comprenden, y que luego, consideran absurdo y además, ajeno.

Pese a todos sus intentos, los políticos, el cura y las beatas admiten su vergonzosa impotencia para neutralizar la racha de muertes naturales, y más tarde se confiesan incapaces de detener las nefastas consecuencias de la guerra santa que desencadenaron.

En vista que los villapríncipes no encuentran alivio a los temores que los atormentan, buscan refugio en sus creencias y atizan su fervor religioso.

Primero se encomiendan al santo irlandés que el gobierno conservador les designó como patrono, por Ley de la República. Pero como éste resulta indiferente a los ruegos de los villapríncipes –quizás porque no entiende el castellano- deciden buscar una santa popular, más patriótica, de pura extracción vernácula que los escuche y les ayude a serenar –aunque sea de manera temporal- los padecimientos de la gente.

La tan esperada visita del obispo a la Villa del Príncipe, para que arbitre entre el santo que impone el gobierno y la santa que demanda la gente, pareciera resolver el enredo, pero en el clímax del evento, la historia da un giro inesperado.

RESEÑAS: